jueves, 19 de abril de 2018
LOS MANIC HAN VUELTO... ABANDONEN TODA RESISTENCIA
El primer y destacadísimo disco de Manic Street Preachers, Generation terrorists, data de 1992, sería estúpido pedir a la banda galesa un disco con esa energía contestataria y nihilista captada de poesía punk, más que nada porque la banda que lidera James Dean Bradfield ha ido evolucionando con el tiempo y, aunque posiblemente haya más razones ahora que entonces para realizar un disco tan revolucionario como Generation, los paisanos de Ryan Giggs han desistido de lanzar mensajes políticos y rebeldes para centrar sus discos en aspectos mucho más humanistas; la juventud y el fin de esta, nostalgia, desamor o desarraigo, por poner algún ejemplo, han tomado las letras y los diferentes aspectos visuales de sus últimos discos. En su última y reciente obra, Resistance is futile, la banda dice abordar «la memoria y la pérdida, la historia olvidada, la realidad confusa y el arte como refugio». Es decir, siguen contemplando y plasmando aspectos del mundo que les rodea, pero más como observadores que como abanderados de causa alguna.
Musicalmente hablando, el grupo afirma que este álbum es obsesivamente melódico, aspecto claramente audible en temas como «Vivian», «Dylan & Caitlin» (con la colaboración de su compatriota The Anchoress, cantante indie), «In eternity» o «The left behind»,esto no excluye que canciones como «People give in», «International blue», «Liverpool revisited» o «Sequel of forgotten wars» sean canciones de cuño Manic de toda la vida y el disco no difiera demasiado de sus antecesores, quizá la gran disimilitud pueda ser una producción más limpia y cuidada a cargo de David Eringa.
Hay opiniones de todos los gustos sobre los Manic Street Preachers del siglo XXI, pero existe una corriente muy extendida que esgrime argumentos tales como que la banda intenta ahora llegar a un público más amplio, que han pasado de ser The Clash a ser U2 (esta me parece especialmente cruel), que si lo de la canción de la selección de Gales para la Eurocopa fue demasiado, que si el mensaje de sus canciones se ha domesticado... Todas esas opiniones tienen algo de razón, pero hay un detalle importante que se omite, estamos en 2018, hace veintiséis años que los Manic saltaron a la palestra, en este tiempo han tenido tiempo de casarse, tener hijos, recorrer el mundo varias veces, procesar la perdida de Richey Edwards (un antes y un después en la historia del grupo), aparte hay que sumar que la sociedad que les envuelve también ha cambiado mucho y eso es una cosa natural, los Manic de los años noventa no volverán y los que los hemos seguido desde entonces, lo aceptemos o no, no volveremos a tener quince o veinte años. Por mi parte, cada vez que lancen un disco haré lo que hago siempre, escucharlo con muchísima atención y ser consciente de que resistirse a aceptar el paso del tiempo y sus consecuencias es fútil.
Manic Street Preachers - Resistance is futile (Deezer)
viernes, 13 de abril de 2018
INSTINTO BÁSICO
La invité a sentarse. Llevaba una de
esas cazadoras de las que tienen forma de chaqueta de motero pero son
de un color mostaza terrible y que tanto habían dado que hablar en
redes sociales hacía unos años. Mientras fumaba un cigarrillo de
liar repleto de un tabaco cuyo envoltorio venía en unos tonos ocres
verdosos y amarronados, como si por intentar reproducir una imagen de
naturaleza no fuera a comerse sus pulmones, cruzó las piernas, muy
lentamente, y advertí que... llevaba unos pantalones ceñidos (skinny
creo que los llaman) que dejaban entrever que sus gemelos estaban
pagando el precio de horas de sesiones de gimnasio mal planificadas;
también me di cuenta de que esos vaqueros dejaban sus tobillos al
aire y ella no llevaba calcetines pese a que en la calle hacía un
frío de cojones. Sin duda me encontraba ante una mujer fatal... fatalmente vestida.
La animé a que me
contara qué la había llevado a pretender contratar mis servicios.
Apagó su cigarro mientras expulsaba el último hálito nicotinizado
por un lateral de su boca, provocando una expresión que le hacía
parecer Popeye, el marino.
La
historia no era nada original, ella había vuelto de su trabajo como
community manager (¿?)
y su novio no estaba en casa pese a que ese día salía antes del
trabajo, faltaba dinero y parte de su ropa, no había dejado ninguna
nota, no respondía al móvil y nadie sabía de él; una vecina
fisgona lo había visto abandonar el portal tranquilamente con su
mochila al hombro y el dueño del colmado de la esquina asegura que,
más o menos cinco minutos después, había entrado a su tienda a
comprar una botella de vino, otra de whisky y tres cajetillas de
tabaco, este dato le chocó mucho a mi posible clienta pues, según ella, su
pareja «fumaba y bebía con moderación».
Estaba pensando en
decirle que no tirara su tiempo y su dinero, que el tipo se
seguramente se había ido con alguna pelandusca o simplemente iba a
pasar una temporadita de fiesta, así que lo mejor para ella era
continuar con su vida y él ya volvería cuando se le pasara el
colocón o si lo de la otra mujer no iba en serio; entonces me di
cuenta de que llevaba semanas sin un cliente y que con el adelanto
que iba a pedir podría irme a tomar unas copas esa noche y cenarme
unos buenos tacos al pastor en el bar del tipo aquel que huyó de
México por haberse hecho un trío con las hijas de un capo del
cártel de Sinaloa, así que acepté.
Dos días después
volvimos a vernos en mi despacho, llevaba la misma cazadora hortera,
pero esta vez la conjugaba con un pantalón de chándal casi igual
que uno que me había comprado mi madre hacía décadas, cuando yo
estaba en quinto de EGB. Me puse dos dedos de güisqui en un vaso y
le pregunté si quería tomar algo.
-¿Tiene agua de
sabores?
-Tenía una
Cruzcampo -respondí-, pero creo que se la di a un cliente haciéndola
pasar por cerveza.
Ella me miró,
confundida, y con un gesto me dio a entender que ya no quería nada.
-¿Podemos ir al
grano, por favor?
Me senté y encendí
un cigarro, di una larga calada y comencé a hablar:
-Mire,
mis pesquisas me han llevado a deducir que su novio no se ha ido con
ninguna otra mujer, se ha ido él solo y de motu proprio.
-¿Y cómo ha
llegado a esa conclusión?
-Verá, mi primera
medida fue intentar reconstruir las últimas horas de su novio antes
de desaparecer. El hombre salió de su trabajo a las seis y fue
paseando con un compañero hasta la cervecería de un amigo, donde
entró a tomar una caña. Total, que fui al bar y el amigo de su
novio, el tipo ese del tupé encerado y la barba, uno con diarrea
verbal, que habla como si lo fueran a prohibir -ella asintió,
dándome a entender que sabía de quién hablaba-. Pues ese fulano me
contó que nuestro amigo, el bebedor moderado, se tomó dos pintas
-mirada de reprobación- y se despidió diciéndole que se iba a
pasar por una tienda de discos cercana al bar, a ver si encontraba
algo interesante; yo me dirigí a la tienda y allí hallé la
solución -pequeño silencio para añadir dramatismo-. El dueño
recordaba a su novio, se pasó por allí esa tarde y se llevó un
disco que recomendaban en varios medios digitales, le dijo al dueño
que se iba a casa a ponérselo. Todo esto ocurrió como un par de
horas antes de que usted llegara a casa. A partir de aquí creo saber
qué le ocurrió...
Ella respiró hondo
y se llevó a la boca uno de sus cigarritos liados, yo se lo encendí
y me senté en mi silla, echándome ligeramente hacia atrás.
-¿Conoce usted a
Guttercats? -pregunté, sabedor de la respuesta.
Ella negó con la
cabeza.
-Verá,
Guttercats son una banda francesa, de París. Practican lo que ellos
llaman Heartbreaking rock & roll -cara
de estupefacción-. Se
trata de un tipo de rock
oscuro, con cierto toque lúgubre y melancólico, una producción
muy básica, pero a la vez con dosis de emoción y una letras
tendentes al romanticismo rockero y la decadencia.
-¿Y?
-Que su novio salió
de la tienda de discos con el último CD de Guttercats en una bolsa y
el disco no aparece en la lista de los discos que tiene en casa que
le pedí que me enviara ayer.
-¿Y con eso cree
saber dónde está...?
-No -la
interrumpí-, yo no tengo ni idea de dónde está su novio...
Cogí el mando de
la minicadena y pulsé un botón. «A trip down Memory Lane» comenzó
a sonar mientras ella parecía cada vez más extrañada y furiosa.
-¿Y entonces por
qué coño me ha citado si no tiene ni idea de...?
-No sé dónde está
-la interrumpí-, pero sí creo saber qué pasó con él
-inmediatamente cambié de canción, me levanté de la silla y me
senté en la parte delantera de la mesa, muy cerca de ella.
-Verá,
esta es la canción que da título al álbum, Follow your
instinct. Es tremendamente
profunda e hipnótica y su escucha le produce a uno que se le
remuevan cosas por dentro, por eso creo que su novio escuchó esta
canción e hizo lo que sugiere su título, se fue en busca de un
destino que la vida acomodada que llevaba con usted no iba a
proporcionarle. También es por eso que, tras escuchar esta canción
-me acerqué a ella y bajé mi tono de voz para parecer más
seductor-, me decidí a llamarla.
Mi
cabeza se fue acercando a su cara con una mirada que, yo creía,
recordaba a Humphrey Bogart en la escena del sofá de Tener
y no tener, pero a ella debió
rememorarle Slug, muerte viscosa o
algo así, porque el rictus de asco que puso y la pedazo de hostia
que me soltó (aún hoy, varios años después, tengo episodios de
sordera ocasional) fueron antológicas, a continuación se levantó y
salió de mi oficina en estampida mientras vociferaba todas las
obscenidades que se le ocurrían, referidas a mí, por supuesto.
Nunca más volví a
saber de esa chica ni de lo que ocurrió con su novio fugado, pero su
recuerdo siempre vuelve a mi cabeza cuando pongo ese maravilloso
disco de Guttercats...
Eso sí, la quinta
canción, la que da título el álbum, la escucho esposado a mi
silla. Por si las moscas...
viernes, 6 de abril de 2018
ELECTRICIDAD CARDIACA
Supongo que recordaréis a Uzzhuaïa, aquella banda de hard rock, a veces más clásico, otras con toques heavy modernos y oscuros que consiguió cierta notoriedad a mediados de la primera década de este siglo, en parte por haber sacado discos notables y para el público más mainstream, sobre todo, por una versión de «La chispa adecuada» de Héroes del silencio. Hace tres años Uzzhuaïa decidió tomarse un descanso y sus miembros se embarcaron en diferentes proyectos, hoy vamos a poner el acento en la nueva banda de su vocalista, Pau Monteagudo.
Corazones Eléctricos se formó para dar salida a las canciones que Pau había ido componiendo y que mostraban una inquietud por practicar un rock un tanto diferente al de su banda anterior, al lado de Kako Navarro al bajo y Miguel Giner a la batería (Pau se encarga de la guitarra), se pergeñó un disco titulado con el nombre de la banda en el que se dan rienda suelta a unas canciones que trasladan irremisiblemente al rock de corte más clásico, en sus canciones uno descubre mucho tiempo de haber mamado de ilustres tetas como Tom Petty, Creedence Clearwater Revival, Rolling Stones, ZZ Top, Led Zeppelin, Black Crowes o Golden Earring, en una primera escucha también me pareció notar ecos de Zigarros, banda con la que han compartido escenario, Zakk Wylde en sus composiciones más clásicas y algún deje noventero, amén de alguna guitarra más lenta de corte más clásico aún, muy a lo Brian Setzer; pero lo realmente destacado de este disco es que, entre sus doce cortes no hay ninguno que baje el nivel, ningún tema parece grabado para rellenar tiempo, desde la inicial (y muy Tom Petty) «Camino al sur» hasta el final con «Todo me recuerda a ti», pasando por el stoniano «Volver a empezar», la balada fronteriza «Baile de salón», la movida «Rockawilly», el himno «¿Quién salvará al rock & roll?» (nada que ver con Dictators) y por todas las demás, asistimos a un chaparrón de rock que cala hasta los huesos.
Esta noche Corazones Eléctricos tocan en mi ciudad, Gijón. Obviamente, voy a ir a verlos para constatar las buenas sensaciones que me ha causado el disco, muchos aún estáis a tiempo de ir, los que no, escuchad y disfrutad:
Corazones Eléctricos-Corazones Eléctricos
sábado, 31 de marzo de 2018
THIS IS HOW WE PARTY
The Nuclears son una banda de Brooklyn. La que posiblemente sea su opera magna (y prima) se titula This is how we party y data de 2014. Se trata de un disco de rock contundente y festivo, como su nombre indica. Suenan a New York Dolls en el tema título y «Shelf life», a Slade en «Glitter and grime», a Thin Lizzy en «I can't quite say», a soul en «Baby, you know I love you» o a country de Nashville en la postrera «New York City blows», aparte de incluir una delirante versión de «And your bird can sing» de The Beatles.
Disco altamente recomendable para fines de semana y darse al rock y el bebercio.
The Nuclears-This is how we party
viernes, 23 de marzo de 2018
ELLA ELIGE IR EN ULTRALIGERO
Tengo un amigo que dice que hay grupos o artistas que suenan a bar, él sobre todo usa esa frase para referirse a Platero y tú, y tiene razón, el sonido y las canciones de los discos de la banda de Fito y Uoho remiten irremisiblemente a garitos con la música alta, la cerveza fría y un montón de humo proveniente de cualquier tipo de cigarro (esto último, por desgracia, ya es imposible). Cuando mi colega me comenta esto, que suele ser a menudo porque tiende a ser repetitivo, sobre todo a ciertas horas del fin de semana, a mí se me ocurren varios artistas cuya obra incluiría total o parcialmente: Entre otros, Bruce Springsteen y la E Street band, quizá hasta Born to run, los New York Dolls, los AC/DC de Bon Scott, Burning, Scott Morgan o Dr. Feelgood (el estilo que practican estos últimos se denomina Pub rock, tampoco hay que ser un lumbreras para llegar a esta conclusión).
Ultraligeros juegan en esa liga, la del rock sencillo, canalla y directo de estribillos simples y fáciles de cantar, y acentúan esa tendencia en su segundo disco, estrenado a finales del año pasado, Ella elige, once temas donde se dan la mano los Burning; el Loquillo más fiero e intenso, es decir, el de hace muchos años; los Barricada primigenios y otros ilustres como Tequila o Doctor Deseo. Mucha historia de calle y de taberna en sus letras y buenas guitarras acompañadas por una solvente sección rítmica y saxos y hammond juguetones en algunos temas. Para terminar, junto a temazos como «Soy de acero», «El tiempo se detiene», «¿Por qué no te suicidas?», «Cantando a la luna» y «Pesadillas» (hoy elijo estos, mañana podría escoger las que no he citado), se incluye una versión de «Preparado para el rock & roll» de Alarma!!! que, aparte de poder constituir un homenaje a Manolo Tena, es sin duda toda una declaración de intenciones.
En fin, que si queréis que vuestra casa, coche, vinatería, jardín de infancia o lo que sea suene como un garito de los de antes, como un bar de esos de verdad que en estos tiempos cutres y de pose puritana cada vez escasean más, probad a pinchar la música de Ultraligeros; mano de santo, santo pagano, pero santo al fin y al cabo.
Ultraligeros-Ella elige (Deezer)
viernes, 16 de marzo de 2018
DAKOTA, LOLITA, SUPERMÁN... ¿OTRO?
Thinking back, thinking of you.
Summertime, think it was June.
Yeah, I think it was June.
Laying back, head in the grass,
chewing gum, having some laughs.
Yeah, having some laughs...
Así se inicia una de las mejores canciones grabadas en este siglo, una emotiva oda al pasado y al amor adolescente incluida en un muy buen disco.
Corría el año 2005 cuando Stereophonics sacaron su cuarto álbum, Language. Sex. Violence. Other? Un trabajo que marcaría diferencias frente a sus antecesores en cuanto a la banda se refiere, ya que el argentino Javier Weyler se hacía cargo de la batería en sustitución del hoy difunto Stuart Cable, y en el sonido, donde unas guitarras más afiladas y la inclusión de teclados convertía el sonido de la banda galesa en un rock menos pop y más cercano al indie guitarrero que estaba muy de moda en las islas, pues lo mismo podía sonar en clubes de música moderna como en garitos de corte más rockero. Eso sí, a diferencia de muchas bandas adheridas a ese estilo, Stereophonics tenían una impronta muy genuina, en parte por la personal voz de Kelley Jones. Además, buscaron una portada muy transgresora visualmente hablando, lo cual, añadido al título, daba a entender que los Stereophonics de «Have a nice day» se habían subido los cuellos de la chupa de cuero y tenían ganas de hacer el gamberro un rato. Y así empiezan los guitarreos con dos trallazos, la vacilona «Superman» y la macarra y guitarrera «Doorman», a los que sigue una composición muy a lo Primal Scream, «Brother», rock de sintetizadores por un tubo. «Devil» podría pasar por una canción grunge del siglo XXI, pero lo que viene después es punto y aparte.
Tiene gracia que, en un disco tan oscuro y agresivo como este, la canción más luminosa y de tono más naïf sea la mejor, pero es que «Dakota» es una pieza súper inspirada; sin dejar de ser guitarrera, posee ese aroma de himno que sólo tienen los grandes temas, todo acompañado de una letra evocadora del primer amor y la confusión que este deja cuando termina (porque, amiguitos, si el primer amor tiene alguna certeza es que se acaba).
Tras la descarga del fantástico hit single sigue el sosiego de la mano del medio tiempo «Rewind» para después rozar el britpop con «Pedalpusher»; «Girl» trae de vuelta la contundencia y el tono más provocativo y chuleta de la voz de Jones, mientras que «Lolita» recae en cierto sosiego y una buena dosis de ternura, no en vano es una canción que Jones dedica a su hija. «Deadhead» posiblemente sea mi canción favorita tras «Dakota», cruda y rockera. El álbum se cierra con «Feel», otro medio tiempo, que marca el final de un disco con una calidad de la que no andan precisamente sobradas las grabaciones de estas dos últimas décadas.
Stereophonics-Language. Sex. Violence. Other? (Deezer)
viernes, 2 de marzo de 2018
AHORA Y SIEMPRE, QUINI, AHORA Y SIEMPRE
Me quedé conmocionado, ¿sabes? No era sólo mi colega, era el colega de todo el mundo.
Con estas palabras rememoraba Keith Richards el momento en el que conoció la noticia de la muerte de John Lennon; seguro que muchos sintieron lo mismo el pasado martes cuando se enteraron del repentino fallecimiento de Enrique Castro, Quini. Al menos a mí me sucedió.
Yo, por edad, no pude ver en directo al mejor Quini, el de su primera época del Sporting. Cuando se fue traspasado al Barcelona yo apenas contaba con tres años y, cuando volvió, una generación de jóvenes, procedentes en su mayoría de la Escuela de Mareo, se habían convertido en los nuevos héroes de los jóvenes sportinguistas; en mi caso era Eloy Olaya, en otros estaba el gran Juan Carlos Ablanedo, el hombre que consiguió que los niños gijoneses quisieran jugar de porteros en los recreos del colegio, simplemente por emular sus antológicas paradas, también estaban Esteban, Tati, Zurdi, Jaime, Mino, etc. Sin embargo, igual que padres y sacerdotes en la antigua Grecia advertían que si eras un guerrero podías llevar la imagen de Ares en tu escudo al ir a la guerra, grabar en tu barca a Poseidón al hacerte a la mar o invocar a Dioniso al entregarte a los placeres del vino, pero nunca debías olvidar que Zeus estaba por encima de todos ellos y era quien reinaba en el Olimpo, así nos recordaban nuestros mayores y los cronistas de sus hazañas que Quini era la deidad absoluta del Sporting, la gran leyenda rojiblanca y así debía ser considerado por todos (y mi generación, a su vez, lo transmitió a las siguientes). La gran diferencia residía en que, mientras Zeus bajaba al llano y se mezclaba con los humanos sólo para dar rienda suelta a su caprichos más lúbricos, Quini no necesitaba bajar a ningún sitio porque sus pies sólo se despegaban del suelo cuando buscaban un balón que alojar dentro de la portería. Quini conocía y muchas veces compartía la realidad de los jubilados que apuraban sus horas en los bares, de los matrimonios trabajadores, ya fuera en casa o fuera de ella, que ponían todo su esfuerzo en sacar sus hogares adelante, de los jóvenes que buscaban su lugar en un futuro incierto y de los niños que se pelaban las rodillas en las plazas y parques soñando con ser delanteros del Sporting y la selección. Por eso era tan importante, porque sus goles, cual canciones de Bruce Springsteen, hablaban de todos nosotros y por eso su pérdida es irreparable, porque en este mundo, aterrador y falto de valores, es imposible que se repita una figura como la de Quini, alguien capaz de ser el mejor futbolista y la persona más cercana, y por eso hoy le lloramos tantos.
Marcha d'Antón el neñu
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