martes, 26 de julio de 2016
ALMA NEGRA Y PURA DE ROCK & ROLL
En una entrada de noviembre de 2014 me referí a esta banda a la que descubrí de forma azarosa. Ahora los Watts acaban de editar el que constituye su cuarto LP, titulado The black soul of rock & roll y continúan esa progresión iniciada en su debut One below the all time low y continuada en On the dial y Flash of white light, una singladura basada en riffs rítmicos y contundentes formando temas contundentes y muy directos. Pues este The black soul of rock & roll va de lo mismo pero amplificado y mejorado. Desde el primer tema, el que da nombre al disco, los de Boston dan una clase magistral de conocimiento y dominio del rock clásico en el que se dan las manos los Stones, AC/DC, Aerosmith, Status Quo, Cheap Trick o Ramones con temazos como el single «Up all night», la insinuante «She's so electric», la poderosa «Stage fright», la muy bailable «Fast & loose» o el enérgico cierre de «Bring on the lights», sólo por citar unas pocas porque el álbum completo es muy bueno y el detalle de que cada miembro lleve el peso vocal indistintamente en uno u otro tema les aporta un toque de originalidad.
Siempre me he preguntado si esta banda eligió su nombre como homenaje al gran Charlie, batería de los Stones o por la unidad de potencia, ambos serían plausibles porque es evidente y reconocida la influencia de los Stones en su música y porque la potencia y energía con la que tocan también es evidente e indiscutible.
No os los perdáis.
Watts - The black soul of rock & roll (Bandcamp)
jueves, 16 de junio de 2016
BACKSTREET GIRL, SHE WAS LIVIN' IN A BACKSTREET WORLD
Si me refiero a una banda llamada Backstreet girls, la gente puede pensar dos cosas: a) que el nombre busca parodiar a aquella horrible boy band de los 90 o b) se trata de una banda formada por mujeres. Pues no y no. Los Backstreet girls se formaron en 1989, cuando aquellos muchachos tan viriles y juerguistas aún cursaban estudios primarios y sus componentes son cuatro hombres; además son noruegos, pero nunca han estado demasiado cercanos a la escena escandinava, quizá porque han sonado siempre muy americanos.
Buena prueba de esto fue su álbum de 2002, Black boogie death rock & roll, un compendio de hard rock sleazy, glam y punk que bien pudiera haber sido perpetrado en Los Ángeles, con ecos de The Joneses, Mötley Crüe, Kiss y NY Dollls. El disco contiene temas que van directos a la mandíbula como Hard attack, la fiereza punk de Teenage rumble, la guitarrera y canalla Boogie my life away o la marchosa I told ya.
Además, este mini-LP viene acompañado de seis de las canciones más notorias de la banda grabadas en directo para poder conocer mejor a estos cuatro tipos que practican un rock & roll sucio y sin concesiones dedicado a divertir y pervertir al personal y estupendo para disfrutar del fin de semana.
Backstreet girls - Black boogie death rock & roll
viernes, 10 de junio de 2016
HEAVEN OR HOLLYWOOD
Uncle Sam fue un cuarteto norteamericano que operó durante la primera parte de los ochenta y principios de los noventa y pasó con más pena que gloria para el gran público, sobre todo en Europa. Es difícil especular con cuál fue la razón de que Uncle Sam no llegaran a tener al menos una cierta notoriedad como otras bandas bandas de un pelaje aproximado tipo Pretty Boy Floyd, Warrant, Winger o Tyketto (Guns N' Roses, Mötley Crüe o Cinderella simplemente eran mejores), y más casi treinta años después de la aparición de su debut discográfico, pero a mí se me ocurre alguna opción tras escuchar su primer disco, Heaven or Hollywood.
Uncle Sam eran una banda que tenían un fuerte componente punk, sí, ya sé que muchas bandas de aquello que se dio por llamar sleazy tenían cierto deje punk pero en la mayoría de las bandas esta influencia no iba más allá de algún toque a lo Sex Pistols, un coro ramoniano o una melodía a lo New York Dolls (que no deja de ser rock stoniano recrudecido); sin embargo, los Uncle Sam poseían más referentes dentro del punk y más oscuras, en Heaven or Hollywood se adivinan guitarras contundentes a lo MC5 en el primer tema, «Live for the day», la oscuridad melódica de Lords of the New Church en «The candyman», reminiscenciasde Iggy Pop y sus Stooges en «Alice D.», la línea de bajo y las destartaladas guitarras de «Don't you ever» suenan a Londres en el 77' y se mezclan con un estribillo típicamente hardrockero, el tema título cierra el álbum con ecos de los Clash y «Don't be shy» podría ser una muestra de cómo serían las canciones de Ramones si estos hubieran procedido de cualquier barrio de Los Ángeles. Por otro lado, « All alone», «Peace of mind, piece of body» y «Under sedation» constituyen la parte más sleazy-glam del disco.
En resumen, que Uncle Sam, más que ser una banda de hard rock con influencias punk, era una formación punk con toque hard rock, y posiblemente eso les apartó del mundo MTV y las fórmulas rock más convencionales de aquella época, sin embargo, este Heaven or Hollywood y su sucesor Letters from London, son dos buenos discos que merecen al menos una oportunidad de ser escuchados.
Uncle Sam - Heaven or Hollywood
martes, 7 de junio de 2016
¿UN AÑO MÁS?
Hoy se cumple justo un año de esta foto, del ascenso del Sporting.¿Qué ha cambiado?. Bueno, lo primero es que esta plantilla, dando otra lección de coraje y competitividad, ha conseguido mantenerse en primera división pese a seguir partiendo con desventaja frente al resto de clubes de la liga.
¿Cuáles han sido las consecuencias? Pues la certeza de que el tiempo en el Sporting es un círculo plano y todo se repite, los ineptos que gobiernan este club han sido incapaces de conseguir que dos puntales del equipo renovaran y, en otra decisión que me cuesta comprender, se ha aligerado el plantel no renovando a jugadores de la casa que quizá no fueran los más destacados, pero sí aportaron desde la intensidad y el espíritu de lucha impenitente. Ahora nos venden la moto de que se van a fichar en torno a diez jugadores y que la plantilla dará un salto de calidad y, la verdad, esta aseveración me provoca mis dudas; se habla de jugadores jóvenes cedidos por otros clubes como Villarreal, Barcelona o Roma, en el mejor de los casos esa política es pan para hoy y hambre para mañana, si esos jugadores funcionaran bien el Sporting posiblemente conseguiría su objetivo, pero volvería a quedar descabezado mientras los equipos de origen de esos futbolistas recuperarían un futbolista contrastado y con bagaje que poder utilizar o por el que conseguir un dinero en concepto de traspaso. Lo cierto es que cuando le doy vueltas a este tema me hierve la sangre porque no acierto a discernir para qué club trabajan los técnicos del Sporting.
También se está peinando el mercado de segunda división, donde puede haber algún jugador interesante, es cierto, pero no creo que vayamos a encontrar jugadores en la liga Adelante que superen a Álex Menéndez o Álex Barrera en sus posiciones, aparte de que estos dos sean chicos de la casa; que esa es otra, el proyecto de cantera queda relegado porque se lleva gestionando el filial como el culo durante años, fichando cada temporada a cinco o seis tíos de veintitrés o veinticuatro años sin brillantez ninguna para intentar salvar la categoría. ¿Resultado?, que este año no lo han conseguido,el filial se va a tercera sin jugadores interesantes en su plantilla, ya que lo poco bueno que había, jugadores como Juan Mera o Guille Donoso, parece haberse diluido contagiados por la mediocridad del segundo equipo y la falta de oportunidades en el primero.
Otro detalle que me hace pensar en esta reestructuración del Sporting como otro día de la marmota y desconfiar de ese supuesto salto de calidad es que tenemos la experiencia de la anterior etapa, donde contamos con otra plantilla que peleó cada minuto de cada partido en pos del objetivo final y, poco a poco,se fue dando puerta a los Gerard, Matabuena, Sastre o Luis Morán para ir colando a los Eguren, Damián Suárez o Trejo (aquí sé que alguno pensará «este sonado está comparando a Luis Morán con Trejo»,pues sí. Veréis, hijos, Luis Morán fue muy importante en un ascenso y una permanencia- y dejó de serlo por su mala cabeza- mientras Trejo sólo fue importante los domingos en Pola de Siero), pues con los supuestos futbolistas de más calidad nos fuimos a segunda, así que, me repito, esta supuesta mejora de la plantilla me la creeré cuando la vea.
Pero claro, por encima de todo lo antes contado, hay otra razón, la más capital de todas, para moderar el optimismo respecto al Sporting, y es que al frente de la entidad siguen los ineptos y corruptos (o sus herederos) que llevaron a este club a pasar por las mayores penurias de su historia, tanto económicas como deportivas, y que ya han anunciado, al auspicio de los pingües ingresos de televisión para la temporada que viene, una serie de obras y reformas como las que esquilmaron las cuentas en el periplo anterior en la máxima categoría (¿alguien ha dicho hinchar los costes?).
Perdonadme si, basándome en todo lo anteriormente expuesto, recelo del futuro y prefiero revolcarme en la nostalgia de la felicidad por aquel emocionante ascenso, pero es lo que hay ahora mismo. Tranquilos, seguro que se me pasa...
jueves, 26 de mayo de 2016
MORDISCOS MELÓDICOS
A lo largo de la historia de la música, especialmente en el rock, siempre ha existido una lucha entre dos bandas o artistas que han sido erigidos como portavoces o puntas de lanza de sus determinadas épocas o corrientes. Desde la dualidad Stones-Beatles en los sesenta hasta las comparaciones entre Strokes y Franz Ferdinand de principio de siglo XXI, pasando por Led Zeppelin-Deep Purple, Judas Priest-Iron Maiden, Prince-Michael Jackson, Nirvana-Pearl Jam o Blur-Oasis, este bipartidismo (alimentado en gran parte por la prensa especializada y en muchas ocasiones contando con la aprobación de las bandas y su entorno) también tuvo cabida durante la época del punk, sobre todo en Gran Bretaña, y ahí supongo que no habrá dudas sobre las dos bandas más grandes que dio esta vertiente del rock & roll (y no hablo de que fueran necesariamente las mejores) fueron los Sex Pistols y los Clash. Es cierto que los Pistols no dejaban de ser una ruidosa boy band de clase baja, un producto pergeñado por la habilidad de Malcolm McLaren, pero su repercusión y su ascendencia en el mundo de la música es indiscutible. Asimismo también es obligatorio recordar que los Clash compusieron, entre muchas otras cosas de calidad, la que, posiblemente, sea la ópera magna de toda aquella corriente con London Calling, aparte de estructurar un ideario seguido por gran parte de adeptos de la filosofía punk.
Tras esas dos bandas podríamos discutir cuál fue la tercera formación en importancia de aquella época y ahí sí que creo que las opciones están muy abiertas, algunos preferirán la oscuridad de los Damned, otros se decantarán por la tendencia Oi! de Sham 69 o el propagandismo de Crass, habrá quien elija a The Boys, The Skids, The Ruts... en fin, que las opciones son múltiples, pero como el encargado de hacer este blog soy yo, voy a deciros que para mí ese lugar corresponde a los Buzzcocks, y de ellos trata la entrada de hoy.
The Buzzcocks son un rara avis en el mundillo punk, el hecho de que su música estuviese más cargada de melodía que el de muchos de sus grupos coetáneos y una estética no tan rompedora les ha acercado más según muchas voces, autorizadas o no, a la New wave o el Power pop. No obstante, y siempre bajo mi prisma, los de Bolton, no sólo por lo temporal sino también por lo sónico (tener mayor sentido de la melodía no les convierte en Chicago, por poner un ejemplo) siempre han encajado en el arquetipo del punk -qué curioso que una música que se supone luche contra convencionalismos sea tan fácilmente clasificable-.
Love Bites siempre ha sido considerada la obra culmen de los Buzzcocks y en eso estoy muy de acuerdo, sin duda es su disco más redondo, y no es el hecho de que contenga «Ever fallen In Love...», su canción más celebrada, es que todo el álbum rezuma frescura y buen hacer, demostrando que la urgencia no tiene porqué estar reñida con tocar bien. Desde la inicial «Real world» hasta la postrera e instrumental «Late for the train», las guitarras de Pete Shelley y Steve Diggle, unidas a la base rítmica formada por Barry Adamson y John Maher, dibujan un panorama eléctrico un tanto naïf por la sencillez de sus composiciones y la forma de cantar de Shelley, pero tremendamente efectivo a la hora de transmitir su energía casi adolescente.
«Nostalgia», «Just lust», «Sixteen again», la semiacústica «Love is lies», el anteriormente citado hit-single (una vez alguien me la definió como «una canción para hacer pogo con el corazón roto») junto a las demás constituyen un compendio de temas poderosos con onda muy british que vosotros, pobres almas descarriadas, no deberíais dejar pasar un minuto más sin escuchar.
Así que ya sabéis...
The Buzzcocks - Love Bites
viernes, 6 de mayo de 2016
DEMOLITION 23
En 1994 el gran y nunca suficientemente ponderado Michael Monroe acababa de finiquitar un proyecto liderado junto al ínclito Steven Stevens llamado Jerusalem Slim, de trayectoria discreta y calidad irregular. Tras esta ruptura el bueno de Michael se fue a Nueva York y montó una banda de versiones con el hoy fallecido guitarrista Jay Hening y el batería Jimmy Clark. Tras varios conciertos con un selecto repertorio de covers y la colaboración de invitados ilustres como Sebastian Bach se decidieron a darle una continuidad mayor al proyecto, reclutaron a Sami Yaffa, compañero de Monroe en Hanoi Rocks, como bajista permanente y en unos pocos meses completaron un disco titulado con el nombre de la banda, Demolition 23. El elegido para la producción fue Steve Van Zant, Little Steven, el componente de la E Street Band, encargado de aportar el componente sucio y neoyorquino.
Lo primero que hay que decir de este Demolition 23 es que se sabría de sobra quién es el alma mater del proyecto aunque desconociéramos la identidad de los componentes de la banda, la mezcla de la furia punk, más acentuada en este álbum, con la melodía glam y el desparpajo del rock & roll más callejero nos remite enseguida al finlandés de pelo rubio y figura de maniquí y su voz más grave en los temas más acelerados como «Hammersmith Palais» y mucho más aterciopelada en el melódico medio tiempo «You crucified me», todas ellas con un Hening más que eficiente a la guitarra y una base rítmica muy currada por Sami y Clark, añadiendo además el sonido destartalado y bohemio que precisaba un disco con un componente punk rock tan fuerte como este.
También cabe destacar que junto a temazos como los antes citados o «Dysfuctional» y «Bedtime stories», por poner dos ejemplos, también se incluyen en el disco tres versiones recordando la primera época de la banda, los temas elegidos son «Ain't nothin' to do», de los Dead Boys (no en vano el disco está dedicado a Stiv Bators, líder de los de Cleveland y uno de los mentores de Michael Monroe), «I wanna be loved», del inmortal Johnny Thunders y «Endangered species», de los U.K. Subs. Todo esto convierte a Demolition 23 en un trabajo muy recomendable de rock & roll salvaje y canalla muy recomendable.
La banda no tuvo continuidad más allá de este disco, el panorama rockero estaba totalmente orientado hacia el grunge y esta joya no recibió la atención merecida en su momento, con el tiempo sí se ha hecho cierta justicia con Demolition 23, señalándolo como uno de las aventuras discográficas más interesantes de Michael Monroe...
Y eso es mucho.
Demolition 23 - Demolition23
miércoles, 4 de mayo de 2016
FOX ON THE RUN
El Leicester City ha ganado la Premier League, supongo que todo el mundo lo sabe. Muchos son los que han aplaudido este logro, calificándolo de «cuento de hadas», «rebelión de un modesto» o «la mayor gesta de la historia del fútbol». Pudiendo ser ciertas todas estas apreciaciones a mí me gustaría tratar más el tema de por qué los Foxes han ganado su liga y el impacto de esta victoria.
Una de las primeras claves es, obviamente, la tristísima temporada que han jugado todos los equipos denominados grandes. Los millones provenientes de los magnates rusos y americanos, los petrodólares, etc. están atrayendo a grandes futbolistas a Inglaterra, es cierto, pero también están contribuyendo a la desnaturalización de un fútbol en el que siempre había primado la consecución del torneo local por encima de las competiciones europeas (ya fuera por la peculiar relación de las islas con la Europa continental o por prestigiar la regularidad semanal en vez de las eliminatorias, sometidas muchas veces a matices y azares) y han convertido en muchos casos a las plantillas de estos clubes en torres de Babel en las que los egos y el afán pecuniario arrasan con la identificación y las ilusiones de los ingleses.
Igual que el punk barrió en Inglaterra y Estados Unidos una variedad de rock que se había convertido en ampuloso, pagado de sí mismo y un tanto plano, el Leicester City pateó el culo de todos estos equipos supuestamente grandes de forma tremendamente atractiva para el espectador. A saber, un grupo de desheredados con un escaso bagaje en el fútbol de élite encabezados por un delantero centro que no hace mucho sólo era un joven pendenciero que jugaba en Quinta División mientras se ganaba la vida como operario en una fábrica; a su lado un muchacho franco-argelino al que nadie había dado una oportunidad en su país para jugar en la máxima categoría, un alfeñique con una zurda de terciopelo que sacaba a pasear en contadas ocasiones, un jugador contracultural en Inglaterra debido a su poco énfasis defensivo y su actitud a veces indolente y que ha acabado siendo el mejor futbolista de esta edición de la Premier; sumadles a un portero al que le había costado horrores encontrar su sitio en el fútbol inglés, quizá coartado por el peso de su apellido, el de uno de los mejores guardametas que se recuerda, un central alemán que iba para estrella y se había quedado en muy poco y un grupo de jugadores que querían demostrar que tenían nivel para estar en la Premier League. Por si esta mezcla no fuese bastante habría que aderezarla con un entrenador italiano en horas bajas. Ya tenemos todos los ingredientes para una historia de superación con tintes hollywoodienses.
Ranieri ha sido clave en esta victoria esencialmente por dos razones, la primera es la táctica, en una liga con un nivel sistemático bastante pobre en la que los equipos se parten con facilidad y los partidos se convierten en correcalles con bastante asiduidad, el Leicester ha resultado tan contracultural como su estrella Mahrez pero por distintos motivos, el cuadro del entrenador romano ha hecho gala de una solidez pasmosa basada siempre en un rigor defensivo innegociable, un equipo férreo que debía jugar siempre muy junto para no dejar espacios, el objetivo era no encajar para ganar los partidos por medio de las ensoñaciones de Mahrez con el balón y la contundencia de un Vardy reencarnado en el «Piojo» López de la era valencianista de Ranieri, aparte de una más que notable solvencia en las jugadas a balón parado.
El otro gran éxito de Claudio ha sido su gestión del grupo a nivel humano, hechos como el de invitar a sus chicos a pizza cuando dejaban la portería a cero, dejarles beber cerveza en el autobús cuando Vardy superó el récord de Van Nistelrooy o interceder ante el propietario del club para que les cediera a los futbolistas su avión privado para irse de fiesta a Copenhague disfrazados de superhéroes, contribuyeron a unir aún más a un vestuario que aprendió a convivir con la presión en un ambiente distendido y apacible. Esta configuración astral junto al hecho, no lo olvidemos, de que varios futbolistas han rendido por encima de su nivel real fue suficiente para que el Leicester se convirtiera en campeón anteayer tras el empate del Tottenham en Stamford Bridge.
El impacto del título logrado por los «Foxes» y la simpatía, la ilusión y el cariño que han despertado por todo el orbe sirve para refrendar los valores de aquellos que pensamos que otro fútbol es posible, que por encima de balones de oro, cifras de goles, traspasos millonarios, magnates, jeques, constructores auspiciados por poderes fácticos y demás, están los valores sencillos, el trabajo, la humildad, el compañerismo y la ilusión de ir a un estadio a ver a un equipo que verdaderamente representa lo que tú eres. Por eso, muchos guardaremos el recuerdo del Leicester de la 2015-2016 junto a hitos como la liga y copa de Europa conquistadas por el Nottingham Forest del inmortal Brian Clough, el título del Hellas Verona en 1984, la Camerún de Italia 90, el retrato de aquel entrenador que se jugó el bigote (nunca mejor dicho) contra molinos que aparentaban ser gigantes pero que aquel moderno Quijote consiguió derrotar o los niños que tuvieron que crecer a marchas forzadas para ascender a primera, salvando a su club del abismo al que lo habían empujado sus dirigentes, mezquinos, corruptos y mediocres.
Por haberle enseñado todo eso al mundo, gracias, Leicester City.
Queen - We Are The Champions
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