viernes, 26 de octubre de 2018
THERE'S A SPACEMAN WAITING IN THE SKY
Ace Frehley siempre ha sido mi miembro de Kiss favorito, en parte porque el look de Spaceman siempre me ha parecido el más molón, pero también porque, cuando la banda del beso decidió lanzar cuatro discos en solitario de cada uno de sus miembros, Ace hizo el que en mi opinión es el mejor del cuarteto. El caso es que ni los Kiss desmaquillados de los ochenta ni los actuales, con ese Tommy Thayer usurpando el papel de hombre del espacio, acaban de convencerme, por el contrario, Ace ha sabido construirse un cuño en su carrera en solitario (mucho más discreta que la de su exgrupo) al que añade una nueva entrega con Spaceman, un disco lanzado recientemente.
El nuevo trabajo de Frehley, como los anteriores, es un fiel reflejo de su manera de concebir el rock, tiene mucho de autobiografía y otro tanto de declaración de intenciones; «Bronx boy», «Rockin' with the boys» y «Pursuit of rock & roll» hablan de la juventud, del viejo barrio y de los grupos que te influyen a la hora de dedicarte a la música. Por contra, «Mission to mars» y «I wanna go back» son reivindicaciones del imaginario del propio Ace y de Jendell, el lugar de procedencia de nuestro extraterrestre. Además, cabe destacar la presencia de Gene Simmons -que en vez de colaborar en este disco debería darle la patada a Thayer convencer a Ace de volver a la banda- en «Without you I'm nothing» y «Your wish is my command», así como un instrumental, «Quantum flux», muy en la onda de este gran guitarrista. En resumen, que Spaceman nos muestra a un músico y autor en granestado de forma mientras otros se dedican a vender merchandising y hacer conciertos pastiche cabareteros.
Ace Frehley - Spaceman (Deezer)
miércoles, 17 de octubre de 2018
EL ARTE DE LA CONTINUIDAD
The Brew tienen muchas cosas que me gustan y una que admiro especialmente; a pesar de que mi disco favorito del trío británico sea A million dead stars, los Smith y su compañero Jason Barwick han sabido mantener y añadir matices a cada álbum de forma que su música siga sonando contundente, divertida y potente. Bueno, realmente esto ya lo manifesté aquí hace dos años y tres días cuando reseñé el anterior Shake the tree. Pues bien, ahora me pongo en contacto con vosotros como un hijo que llama a su madre tras visitarla para decirle que ha llegado a casa bien, os anuncio que siguen sonando fuertes y convincentes, a rock basado en los sesenta y setenta con su buena dosis de blues y algún toque psicodélico, que la producción sigue con la mejora que hace que el sonido se aproxime a los inconmensurables directos de la banda y que las canciones siguen estando muy bien. The Brew ya cumple con su parte, ahora cumplid vosotros con la vuestra.
The Brew - Art of persuasion (Deezer)
miércoles, 10 de octubre de 2018
TODO TARQUE
Cuando el cantante de una banda de éxito lanza un disco en solitario pueden pasar dos cosas; una es que saque un disco exactamente igual a lo que hace con su banda madre, esto no suele ser buena señal y apunta a un distanciamiento que seguramente acabará en separación; la otra situación es simplemente que el vocalista tenga una colección de canciones que no encajen con el repertorio del grupo y aproveche un hiato para grabarlas y defenderlas en directo, esto no tiene por qué ser nocivo para la formación.
El disco de Tarque, titulado con su propio apellido, podría (incluso me atrevo a decir que debería) haber sido el tercer disco de M Clan, podría ser una correctísima evolución de Un buen momento y Coliseum, pero rechinaría en el imaginario actual de Tarque y Ruipérez, sobre todo después de un disco como Delta. En Tarque nos encontramos, aparte de la prodigiosa voz del murciano, una colección de riffs y melodías contundentes en la onda de AC/DC, los ZZ Top más guitarreros, Led Zeppelin o Hendrix, todo ello de la mano de un Carlos Raya también muy lúcido en la producción (la verdad es que este disco y los de Zigarros me han congraciado con el ex Sangre Azul, al que había cogido cierta tirria por considerarlo un coñazo en directo en los shows de Fito y por la tendencia de llegar a las bandas y que, acto seguido, varios músicos se fueran). Así las cosas, asistimos a casi cuarenta minutos de rock en estado puro, una banda sonando potente, un cantante en estado de gracia y unas letras lascivas, juerguistas, a veces ligeramente nihilistas y más profundas en el caso de «Cactus en el corazón», canción que aborda el tema de los refugiados, el resto son todo nocturnidad, fiesta, rock & roll y la manera más desenfadada de superar el desamor. En resumen, cerca de cuarenta minutos de «Bailo», «Heartbreaker», «Juicio final», «El diablo me acompañará» y «Janis, Amy, Billie» (hermoso homenaje a estas tres damas de la canción a ritmo Creedence). Así es como se hacen las cosas.
Tarque - Tarque (Deezer)
viernes, 5 de octubre de 2018
ROCANROLES SON AMORES
La relación entre fútbol y rock siempre ha sido desigual, el número de rockeros futboleros sobrepasa en mucho al de futbolistas aficionados a la música orientada a las guitarras; había casos como los de José Luis Morales, el comandante, la estrella del Levante y fan acérrimo de Marea, o Manolito Alfaro, aquel menudo delantero del Hércules que celebraba sus goles mostrando camisetas de AC/DC o Barricada, entre otros. Luego teníamos algunos más cool como el espanyolista Granero, oyente de Quique González, o Gaizka Mendieta, que ahora se lo hace de DJ de rock, fan acérrimo de Velvet Underground y Smiths e inmortalizado en la canción «Un buen día» de Los Planetas. El caso es que, salvo estas y otras excepciones, el futbolista en lo que a música se refiere es igual que para la moda, los tatuajes o cualquier cosa que se os ocurra, esto es, son absolutamente permeables a las modas y a los productos fáciles de asumir.
Existe un país donde los futbolistas amantes del rocanrol sí se cuentan en buen número, esa nación es, por supuesto, Argentina; aunque entre los peloteros albicelestes haya muchos admiradores de la cumbia, es absolutamente normal encontrarte a deportistas que llevan remeras, tatuajes y cualquier tipo de símbolo relacionado con los Rolling Stones (sobre todo), AC/DC, Ramones y grupos locales como La Renga, La 25, Ratones Paranoicos, Viejas Locas, Pappo, Los Guarros o Guasones. Hubo incluso un futbolista que fue aún más allá, Germán el mono Burgos incluso montó una banda en la que se autoadjudicó el papel de frontman y lanzó varios discos que daban rienda suelta a su pasión por el rock, llegando a colaborar con gente como Carlos Tarque y Javier Vargas.
Al actual segundo entrenador del Atlético de Madrid le ha salido competencia en la figura de Daniel Osvaldo, insigne delantero nacido en Lanús que ha marcado goles para Huracán, Fiorentina, Espanyol, Juventus, Roma, Inter, Southampton, Oporto y Boca Juniors, entre otros, y fue internacional italiano -tema de antepasados-. Daniel colgó los borceguíes hace un par de años y formó un grupo al que llamó Barrio Viejo (título de una canción de La 25) y con la que anda de garito en garito de lo que queda de la Barcelona más underground con parada en su país natal para desgranar su música en clubes varios. Barrio Viejo lanzó en 2017 un disco de debut titulado Liberación (en relación al peso que Osvaldo se quitó de encima al poder practicar aficiones mal vistas en el mundo del deporte como fumar, beber, trasnochar...) y no se queda en un simple ejercicio de rolinga, en este álbum hay rocanrol, pero también blues y rythm n' blues (incluso una versión de «Walking the dog» de Rufus Thomas) rodeados de un halo canalla con un Osvaldo que parece estar más contento con este LP que con ninguno de los goles marcados en su carrera y haber abrazado eso de «A la redención por el rocanrol».
Barrio Viejo - Liberación (Deezer)
viernes, 28 de septiembre de 2018
ELLOS, A LO SUYO
A: Mola esta canción de Danko Jones.
B: La misma canción que los últimos cinco discos.
A: No ye la mejor que tien, pero lo de la misma canción se podría decir de la mayoría de los grupos.
C: Danko Jones ye como Mötorhead o AC/DC, tienen que ir a piñón fijo, pa' evolucionar ya están Radiohead y esas mierdas.
A: Bastante de acuerdo, pero eso no quiere decir que sean malos.
C: No, simplemente es su rollo. Sería como reprochar a John Wayne que no hiciera comedias románticas.
(Transcripción de una conversación de Whatsapp entre tres tipos cuyas identidades permanecerán en el anonimato)
Existen un montón de bandas en el mundo que están afiliadas a la idiosincrasia que se describe en el texto de arriba, y una de esas formaciones es Supersuckers. El combo liderado por Eddie Spaghetti lleva décadas practicando un rock de componente punk, sucio, tabernario, de riffs abrasivos y ritmos acelerados (salvo por la intrusión de algún escarceo country). Suck it, la nueva entrega de los de Arizona, no difiere mucho de esa máxima, aunque quizá la influencia de Mötorhead se haga más patente en la gran mayoría de cortes de este disco, canciones como «All of the time», «Breakin' my balls» o «The worst thing ever» podrían haber aparecido perfectamente en Aftershock o Bad magic; también hay espacio para temas de factura más clásica como «Dead inside» y «Private parking lot»; para una pieza contry, «Cold wet wind» y para un corrosivo cover del «Beer drinkers & hell raisers» de los ZZ Top, que cierra un LP que, pese a no presentar novedades destacables, mantiene en plena vigencia aquella frase de Lemmy: «Si no te gustan los Supersuckers, no te gusta el rock & roll»
Supersuckers - Suck it (Deezer)
viernes, 21 de septiembre de 2018
LA SENDA DEL PERDEDOR
Dicen que dos cosas que suelen marcar a las personas son su lugar de procedencia y la gente con la que se juntan. En el caso de Matty James Cassidy, ambas premisas son ciertas; por una parte, en sus discos se adivina esa frialdad y tristeza ruda y un tanto sórdida que emana de Irlanda del Norte. Por otra, nuestro protagonista de hoy actualmente ocupa el puesto de bajista en la nueva formación de Dogs D'amour y el líder de la banda, el ínclito y entrañable Tyla J. Pallas, colabora cantando a dúo el tema que da título a este debut de Casssidy en solitario (anteriormente había grabado con su banda Philty Angels). Partiendo de ahí no es muy difícil entender la obra de este rockero, romántico a la par que estiloso.
Last one to die vio la luz en 2014 y en él hay mucho de rock y folk puramente tabernario y de la poética nihilista y derrotada que ha exhibido su mentor; las canciones, ya sean más furiosas y eléctricas, como «Up in smoke», «Same old me (brand new you)» o «Better days», o acústicas y relajadas, como «Don't turn your light out on me», «Never learn», «Another night» o «This one's for», constituyen un compendio de reflexiones sobre la condición del perdedor, sobre las mentiras, los sueños rotos, el abandono, personajes cuya única esperanza asoma al abrir la puerta de un bar o sobre ese resquemor interno que picotea en tu interior como un polluelo hambriento que sólo se calma al sentir la quemazón del alcohol bajando por el esófago cual lava abandonando un volcán.
Decía Víctor Hugo que «La melancolía es la felicidad de estar triste», dos siglos después, y de una forma más canalla, Matty James le da la razón.
Matty James - Last One To Die (Deezer)
jueves, 30 de agosto de 2018
OUTSIDER
Tenía ganas de que en Gijón hubiera un concierto apetecible más allá de las propuestas mainstream de los diferentes eventos veraniegos y de un Tsunami al que no pude asistir. Hoy, en la sala Memphis, asistiremos al recital de uno de esos tipos que llevan años pateándose la carretera para mostrar al público sus canciones, que son reflejo de su pequeña parte del mundo.
Si uno mira de forma somera la biografía de Jesse Dayton, quizá lo que más le llame la atención sean sus colaboraciones en discos de Johnny Cash, Willie Nelson o Waylon Jennings y su aportación musical en películas de Rob Zombie, pero eso son sólo detalles en una dilatada y muy interesante carrera que se cierra, hasta el momento, con un maravilloso álbum lanzado este año y titulado The outsider; en él, Dayton repite su fórmula de country y rock & roll a partes iguales con canciones quizá más rotundas y contundentes que en el anterior «The revealer», con la voz de Jesse sonando más grave y la música con un sonido más grueso, como se demuestra en «May have to do it (don't have to like it)», «Jailhouse religion», «Hurtin' behind the pine curtain», «Tried to quit (but I just quit tryin')» y en general durante la media hora que dura este compendio de historias costumbristas sobre perdedores, rufianes, fereligiosa y el bestiario habitual de la Texas natal de Dayton, que hoy se mostrará ante los ojos de los que vayamos a verle en directo.
Jesse Dayton - The outsider (Deezer)
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